Como dice Wikipedia, una tradición es “todo aquello que una generación hereda de las anteriores y, por estimarlo valioso, llega a las siguientes”. Son muchas las tradiciones que hacen partícipes a l@s jóvenes. Al fin y al cabo, si no fuera por ello las nuevas generaciones no asimilaríamos estas costumbres y las tradiciones se extinguirían con el paso del tiempo.
Al mantener y participar en las tradiciones, l@s jóvenes nos sentimos más unidos con nuestros familiares, amigos y compañeros. El comer 12 uvas en Nochevieja, disfrazarnos en carnavales, participar en las fiestas de los pueblos ó en las despedidas de fin de curso son claros ejemplos de esta unidad positiva que proclaman las tradiciones.
Pero también, l@s jóvenes de hoy en día sabemos que algunas tradiciones no son del todo respetuosas con el medioambiente, los animales o los derechos humanos. Participar en las tradiciones no quiere decir necesariamente “repetir” de la misma manera las costumbres -si éstas son dañinas-, sino también mantener el espíritu festivo con la celebración de actos que no generen perjuicios a nuestro alrededor.
En Guatemala, una organización hermana de VOZ.ES, “Jóvenes por Guatemala” (http://jovenesporguatemala.org/), ha llevado a cabo una iniciativa que conjuga la participación en una costumbre como es la “Quema del Diablo” con el fomento de la solidaridad y del respeto por el medioambiente.

Durante la “Quema del Diablo”, tradición muy popular en Guatemala que se celebra el 7 de diciembre, se hacen hogueras a lo largo y ancho del país para quemar objetos en desuso y gran cantidad de madera y papel para “llevarse todo lo malo” y empezar el año nuevo sin espíritus negativos.
Son muchas las toneladas de papel que se invierten en esta tradición: quemar la hoguera más grande y saltar por encima de las fogatas son actos especialmente premiados durante esta celebración.
Pero, ¿qué pasa con todo el humo que se produjo ese día y que contaminó el aire?, ¿cuántas personas resultaron heridas durante esta celebración?
Ante estos problemas, “Jóvenes por Guatemala” organizó una “Quema del Diablo” particular: reunió toneladas de papel para reciclarlo y venderlo para ayudar a comunidades desfavorecidas del país.

Además de evitar la contaminación y reciclar gran cantidad de papel, se ayudó a muchos guatemaltecos y guatemaltecas que se encuentran en situaciones difíciles. Y, por supuesto, los sueños y deseos de la “Quema del Diablo” permanecieron, si cabe, más vivos que nunca.